Todos contra Sócrates… ¡tonto el último!

Todos contra Sócrates… ¡tonto el último!


Solventado el problema del arché (principio) del universo con las versiones de los pluralistas más famosos, Anaxágoras, Empédocles y los atomistas, que propusieron diversas soluciones al problema del movimiento para salvaguardar  las tesis de Parménides, ahora toca los SOFISTAS y el gran SÓCRATES.

Ahí va un vídeo a modo de introducción sobre quién era Sócrates

¿Quiénes eran los Sofistas? Eran, simple y llanamente, maestros de retórica. La retórica, algo hoy en día muy olvidado, es el arte de hablar en público y de utilizar argumentos convincentes. Estos Sofistas, donde destacaron Protágoras y Gorgias, vendieron sus servicios cual profesores particulares para enseñar a los aristócratas griegos, y a todo aquel que se lo pudiera permitir, a defender cualquier tesis, independiente de si es o o justa o injusta, verdadera o falsa.

Ellos sostuvieron que las leyes de las ciudades o “polis” eran convencionales, es decir, que cada “polis” tiene su ley y que para ellos es justa.

Lo que se cuece en este apartado del tema 1 es algo tan importante como: ¿Es justo que cualquier Estado del mundo promulgue leyes que perjudiquen a los hombres? Sócrates, y muchos filósofos actuales, se percataron de que esa afirmación podría traer graves consecuencias: las leyes son objetivas, defiende Sócrates. Las costumbres de los pueblos son arbitrarias y deben amoldarse a esa leyes. Sócrates defendió la verdad objetiva a capa y espada y eso les trajo muchos enemigos y pocos amigos.

Si afirmásemos que las leyes de cada país son justas porque el pueblo así lo ha decidido, entonces consentiríamos, entre muchas otras atrocidades, el gobierno de Hitler y el Holocausto judío.

Como veis, todo tiene consecuencias en Filosofía. Algunos pensaréis que ya estamos otra vez con el eterno tema tan recurrente para los profesores de Filosofía; insistimos tal vez tanto para hacer eco de una importante lección que Primo Levi, superviviente del Holocausto nazi, nos transmitió a todos.

Escribió un poema titulado Si esto es un hombre y lo que escribió contra la maldita propensión que tenemos los hombres de olvidar.

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:

Considerad si esto es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.

Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaos;
Repetídselas al vuestros hijos.

O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

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