El genio de Empédocles o la locura del filósofo

El genio de Empédocles o la locura del filósofo


Quería inaugurar dentro del blog una categoría dedicada a pequeñas retrospecciones que nos lancen al futuro. Los estudiosos del Alzheimer nos revelan que esta enfermedad ataca a la memoria y que lo primero que se pierde es la memoria reciente; los enfermos de Alzheimer nunca, nunca hablan del futuro, sólo del pasado. Pues eso mismo será lo que hagamos aquí: recuperar el pasado para re-pensar el futuro. La he llamado Arrugas filosóficas como pequeño homenaje a un cómic titulado Arrugas (2007) de Paco Roca (que os recomiendo y os dejaré encantado) que narra la historia de Emilio, enfermo de Alzehimer.

En otra sección nos ocuparemos del futuro para que nos haga reflexionar sobre el pasado.

Comenzamos con Empédocles de Agriento. Este filósofo ha pasado más a la historia por ser un genio loco que se arrojó al Etna que por ser el primero que formuló que el origen del cosmos procedía de los cuatro elementos.

Friedrich Hölderlin, gran poeta alemán del Romanticismo, que fue admirado por Martin Heidegger, y que se volvió loco, supo apreciar como nadie el genio filosófico de Empédocles. Os pongo a continuación el bello poema, titulado Empédocles:

Buscas, buscas la vida, surge y reluce un fuego
desde honduras telúricas, hacia ti; y tú te arrojas,
con ansia estremecida,
allá abajo, a las llamas, en el Etna.

Así disolvió en vino sus perlas la orgullosa
reina, sin importarle; ¡ojalá nunca hubieras
ofrendado, oh poeta, tu riqueza
en el hirviente cáliz!

Pero eres para mí sagrado, cual la fuerza
de la Tierra absorbiéndote, ¡oh víctima atrevida!
Si no me retuviera el amor, seguiría
al héroe, hasta el abismo.

Empédocles es conocido por ser uno de los primeros precursores de Stephen Hawking, indagó en la búsqueda del arché de la Naturaleza. Que Empédocles se arrojase al fuego del Etna es una tradición satírica que intenta ridiculizar su obra y su vida. De hecho fue muy famoso en vida y la versión primigenia de su muerte afirma que estando él y unos seguidores en un ritual divino rutinario, desapareció, sin dejar rastro. Evidentemente los dioses le llevaron consigo.

Lo bello del poema es que Hölderlin aúna ambas tradiciones re-interpretándolas, abriendo un nuevo camino. Él reconoce la importante labor en la investigación de todo el universo, que a nosotros nos parece irrisoria, pero el trabajo de todos es fundamental.

Un pequeño homenaje para un tipo del todo singular, seguro.

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