Porqué Xantipa no se dedicó a la Filosofía

Porqué Xantipa no se dedicó a la Filosofía


Viendo la situación del blog, hay muchos comentarios y mucha participación, lo cual me alegro bastante… Me surgió una duda: todos los comentarios están hechos por “nick” masculinos.

Que yo tenga constancia, sólo uno es de una chica o compañera vuestra, los demás todos de chicos.

Esto no sería nada sintomático, si no echaseis un vistazo a vuestro libro y observaseis cuántas mujeres hay en él: Ninguna. Bueno, me corrijo: dos. Hannah Arendt y María Zambrano, pero no las estudiaremos en clase. La primera tiene grandes ideas y ha pasado a la Historia por se la amante de Heidegger (ella que era judía y Heidegger que militó en el partido nazi, curioso, ¿no?). María Zambrano, discípula de Ortega y Gasset, fue “menospreciada” por su maestro por desviarse de su pensamiento, aunque este “desvío” no ha aportado nada a la Historia de la Filosofía.

De igual modo nos ocurre con la filosofía griega: ¿por qué Xantipa, mujer de Sócrates, no filosofó? ¿Porque las mujeres no tienen ingenio filosófico? O ¿están menos dotadas que los hombres? ¿Acaso es complejo?

Virginia Woolf, que fue capaz de eclipsar en todo a su marido, dio la clave. Si os fijáis, conocemos a Xantipa, Arendt y Zambrano por referencias masculinas, pero con Woolf no. Esta autora, que se suicidó presa de su inmenso genio y de su locura, escribió una obrita que cambió el curso del feminismo.

La obra se denomina Una habitación propia (yo lo tengo por si queréis leerla): aquí Virgina Woolf da con la quid del problema. Si las mujeres no han filosofado o escrito grandes novelas (decidme el nombre de una autora), no es porque no tengan ese ingenio filosófico de Platón o Descartes, sino porque no tuvieron la posibilidad de tener una habitación propia en la que encerrarse con sus pensamientos.

Las feministas, cansadas de leer personajes femeninos creados por hombres como Madame Bovary de Gustave Flaubert, defendieron personajes femeninos vistos y creados por mujeres como la protagonista de Orgullo y Prejuicio, Elisabeth Bennet, de Jane Austen.

Cuando Austen escribió esta novela, compartía su habitación con su hermana y no tenía un despacho como la mayoría de los hombres de la época. Eso y una renta como la que tuvieron los poetas y escritores más pobres de la Literatura, es lo que carecían para crear.

Muchas veces, diría Woolf, no sólo la renta y la habitación propia, que ya la tienen la mayoría de las mujeres, sino los complejos y referentes masculinos hacen que no creen libremente.

Una reflexión un poco larga que nos haga inventar un nuevo mundo.

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