El siglo de las Luces

El siglo de las Luces

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La edad de oro y el sueño de Rousseau

La edad de oro y el sueño de Rousseau

Rousseau, francés de adopción, pero suizo de origen, soñó con una sociedad mejor. Esta sociedad sería posible sólo, ojo, sólo, con eliminar la desigual distribución de la propiedad privada y el poder despótico.

O dicho con otras palabras: quitarles a los ricos parte de su dinero y quitar (¿cómo?) a los malos gobernantes de los Estados. ¿Os suena? Estos dos elementos fueron para Rousseau los causantes del nuestro despertar de la edad de oro.

Como el cantante francés Woodkid, Rousseau consideró que este despertar fue un paso necesario en el desarrollo humano y que, lejos de recuperar el tiempo perdido, habría que sentarse e imaginar un mundo mejor.

Insociable sociabilidad o qué es el mal

Insociable sociabilidad o qué es el mal

Desconozco si Kant se planteó en algún momento de su historia una de mis preguntas filosóficas favoritas: ¿Qué es el mal? Lo hiciese o no, desde luego, que se ocupó de ella cuando calificó al ser humano como una insociable sociabilidad.

Resumiendo mucho el pensamiento del genio de Königsberg, para Kant el motor del ser humano, lo que le permite ser un ser rodeado de otros seres humanos, es su insociabilidad; esto es, su maldad intrínseca. Este pensamiento no es genuino de Kant, anteriormente el filósofo inglés Thomas Hobbes describió al ser humano, sirviéndose de la famosa frase del comediógrafo latino Plauto, como Homo homini lupus (el hombre es un lobo para el propio hombre).

Tanto para Kant como para Hobbes la raíz de la sociabilidad humano es la maldad humana. Sí, pero de dónde surge esa maldad. ¿Es genética, innata, de tal modo que podríamos encontrar el gen “malo” y así poder destruirlo?

Nadie discute la existencia del mal, pero otra cosa es su origen. Tolkien, autor de la famosísima novela El Señor de los Anillos, pone en boca del elfo  Elrond las siguientes palabras: “Nada es malo en un principio. Ni siquiera Sauron lo era”. Para Tolkien, como para otros muchos pensadores, el mal depende de la bondad, es un parásito de la bondad; de su ausencia, más concretamente.

Para estos pensadores, al contrario que para Kant, el mal no existe sino en la ausencia de acciones buenas. El mal se elige cuando se desprecia el bien. Pero nadie nace malo.