No me quejaré

No me quejaré

Existieron un grupo de hombres escogidos, un grupo de hombres que cambiaron la historia del pensamiento humano. ¿Su poder? Pensar por sí mismos y rechazar el pensamiento mítico.

Ellos fueron los filósofos de la naturaleza, los causantes del paso del mito al logos. Tal vez refunfuñaron del mundo que les tocó vivir, de las mentalidad de su coetáneos, pero no se instalaron en la queja. Quisieron descubrir el mundo tal y como es.

Buscaron el principio (arché) de la naturaleza.

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La paradoja de Zenón o por qué no puedo bailar con la más guapa del baile

La paradoja de Zenón o por qué no puedo bailar con la más guapa del baile

El siempre genial filósofo Parménides de Elea tuvo un discípulo no menos genial: Zenón de Elea. Zenón ha pasado a la historia del pensamiento occidental por formular la conocidísima paradoja de Aquiles y la tortuga.

Esta paradoja, hoy por hoy resuelta, implica que nunca podremos bailar con la más guapa/o del baile.

¿Dónde está la solución de la paradoja?

El origen de todo o el rap de los presocráticos

El origen de todo o el rap de los presocráticos

Todo comenzó con el asombro, dijo Aristóteles que no fue un presocrático, pero que los estudió de cerca. Hubo unos señores que nacieron y vivieron antes del filósofo griego Sócrates, y eso les marcó y mucho. Estos filósofos, también llamados filósofos de la naturaleza, tuvieron una cosa en común: preguntarse por el origen de todo. Ellos al origen lo llamaron arché.

Presocráticos

Cada uno, como podéis ver, dio una explicación diferente y plausible a lo que ellos consideraron la raíz de todo esto lo que vemos. Como diría el filósofo español Ortega y Gasset, somos hijos de nuestro tiempo y los presocráticos dijeron lo que dijeron por ver y vivir en una época determinada.

Origen de los presocráticos

¿Qué respuesta consideras más acertada de todos los filósofos presocráticos?

El silencio de Parménides o por qué hablamos de lo que no se puede hablar

El silencio de Parménides o por qué hablamos de lo que no se puede hablar

Hace no mucho tiempo, el filósofo vienés Ludwig Wittgenstein afirmó, en uno de los más importantes libros de filosofía, lo siguiente:

De lo que no se puede hablar, hay que callar.

Para Parménides de Elea, al igual que Wittgenstein, tenemos que elegir entre dos opciones: el ser (lo que es) y el no-ser (lo que no es).

Según el filósofo de Elea, el ser conduce a la vía de la verdad y, por ende, de la razón. Este es un camino que todos entendemos y del que no cabe dudar: de las matemáticas, la lógica, la metafísica, etc. Pero, en cambio, el camino del no-ser es el vía de la opinión y su objeto son todos los datos recibidos por los sentidos.

Como alguna vez os habrá pasado, habréis discutido fervientemente sobre el tipo de color de un determinado coche, sobre el buen o mal juego del Real Madrid e incluso si tal o cual actriz es atractiva o no. Pero a que nunca habéis discutido sobre si es verdad el teorema de Pitágoras o el número π (pi).

Tomando estas ideas como bases, Parménides formuló una curiosa (y errónea) teoría del movimiento: para él, el movimiento consistía del paso del no-ser al ser o del ser al no-ser. Como ya sabréis, del no-ser no puede salir nada. Y lo que es, no puede dejar así como así de existir.

Luego hablemos sólo de lo que estemos seguro, que no es mucho.