El conocimiento en Kant

El conocimiento en Kant

Conocimiento en Kant

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El conocimiento según Kant

El conocimiento según Kant

Uno de los problemas que tienen los estudiantes de filosofía con la teoría del conocimiento de Kant expuesta en la Crítica de la razón pura es simplemente que no entienden la llamada revolución copernicana.

El problema reside en que Kant ofrece una nueva forma de pensar: ya no nos ocuparemos más en entender qué son las cosas que concomeos, sino cómo y por qué el sujeto (esto es, nosotros) podemos conocerlas. En Kant vamos a estudiar la forma de la mente.

Cómo conocemos la realidad o por qué Kant inventó el Photoshop

Cómo conocemos la realidad o por qué Kant inventó el Photoshop

Una forma muy fácil de entender Crítica de la razón pura de Inmanuel Kant, donde expone su teoría del conocimiento es entender el proceso que ocurre dentro del hombre al conocer un objeto como si éste fuera una fábrica.

Para Kant el hombre o el sujeto que conoce no es pasivo, la realidad no es objetiva. La construye el hombre. Esta afirmación os puede resultar extraña, como lo fue para muchos de los contemporáneos de Kant o para el joven Neo en Matrix.

Según Kant, todo conocimiento comienza gracias a las intuiciones sensibles, lo que vemos y percibimos (olor, sabores, tactos, gustos, etc.). Pero añadía (y ahí estaba todo su ingenio, su giro copernicano) que si conocíamos era porque en todo hombre había, lo que él denominó, formas a priori de la sensibilidad: el espacio y el tiempo. Si conocemos a nuestro mundo y si somos capaces de recordarlo (y no sólo los hombres, sino también los animales) es porque situamos siempre las cosas en el espacio y en el tiempo.

Esto es lo que Kant llamó la Sensibilidad y la estudió en la Estética Trascendental.

Pero normalmente, cuando pasamos un largo día, a la noche, antes de irnos a la cama a dormir, solemos dedicar un rato a pensar cómo nos fue el día. Cuando pensamos lo que hemos vivido y visto, entra en juego el Entendimiento.

Según Kant, sólo podemos pensar las representaciones (que son el producto final de lo que hace la Sensibilidad) que cada hombre particular tiene de la realidad. Mi representación del partido de ayer es diferentes a la que tiene mi mejor amigo o mi compañero de trabajo. La representación de las cosas es subjetiva.

Pensar sólo podemos pensar las representaciones de la realidad  y las podemos pensar gracias a las categorías (o como también las llama Kant, conceptos puros). Aplicar nuestro pensamiento a lo que Kant llamó ideas reguladoras (que son tres: Dios, el alma y el mundo) es un error que da lugar disciplinas que NO son ciencias, sino puro pasatiempo de imbéciles.

Dios, alma y el mundo son las ideas reguladoras de la razón o, dicho con otras palabras: si nuestra vida y nuestro conocimiento fuera un camino muy estrecho donde a un lado hay un barranco muy peligroso, Dios, alma y el mundo sería esa valla que nos recordaría: ¡No pases esta línea que la vas a liar parda! Nos recuerdan los límites de nuestro conocimiento.

Así terminaba Kant con la Analítica y Dialéctica Trascendental, donde se ocupaba del Entendimiento y de la Razón respectivamente.

El límite de nuestro conocimiento es, según Kant, los fenómenos (esto es, aquello que se nos presenta y como cada uno ve el mundo, que es siempre distinto). Por eso podría decir Kant que “por desgracia hay cosas que no se pueden explicar hasta que se ven”.

Como en la película Matrix, lo que vemos no es la auténtica realidad, sólo una parte. Esa parte que se nos escapa como a Neo, es lo que se llama noúmeno.

La realidad, es como el Photoshop, un invento para engañarnos.

Kant inventó Matrix o qué puedo conocer

Kant inventó Matrix o qué puedo conocer

Una de las obras más importantes en toda la Historia de la Filosofía es Crítica de la razón pura (KrV por sus siglas en alemán). Fue importante porque supo aunar las dos corrientes filosóficas predecesoras:

  • Racionalismo que afirmaba que había conocimientos innatos, ideas innatas.
  • Empirismo que afirmaba que todo conocimiento empezaba con la experiencia.

Kant, con su Crítica a la razón pura, intentaba contestar una pregunta tan antigua como el Hombre: “¿Qué puedo saber?”. O dicho con otras palabras, ¿hacemos bien cuando hablamos tan sueltamente de cosas como el alma, Dios, etc.? No. Kant afirmó que existían unos límites claros del conocimiento y éstos eran la experiencia sensible.

Según Kant, todo conocimiento comienza gracias a las intuiciones sensibles, lo que vemos y percibimos (olor, sabores, tactos, gustos, etc.). Pero añadía (y ahí estaba todo su ingenio, su giro copernicano) que si conocíamos era porque en todo hombre había, lo que él denominó, formas a priori de la sensibilidad: el espacio y el tiempo. Si conocemos a nuestro mundo y si somos capaces de recordarlo (y no sólo los hombres, sino también los animales) es porque situamos siempre las cosas en el espacio y en el tiempo.

Esto es lo que Kant llamó la Sensibilidad y la estudió en la Estética Trascendental.

Pero normalmente, cuando pasamos un largo día, a la noche nos vamos a descansar y  solemos dedicar un rato a pensar. Cuando pensamos lo que hemos vivido y visto, entra en juego el Entendimiento. Según Kant, sólo podemos pensar las representaciones (que son el producto final de lo que hace la Sensibilidad) de la realidad. Si pensamos cosas que no vemos, dice Kant, lo que puede salir es que nos inventemos cosas para que luego Iker Jiménez en Cuarto Milenio no se aburra.

Pensar sólo podemos pensar las representaciones de la realidad  y las podemos pensar gracias a las categorías (o como también las llama Kant, conceptos puros). Aplicar nuestro pensamiento a lo que Kant llamó ideas reguladoras (que son tres: Dios, el alma y el mundo) es un error que da lugar disciplinas que NO son ciencias, sino puro pasatiempo de imbéciles.

Dios, alma y el mundo son las ideas reguladoras de la razón o, dicho con otras palabras: si nuestra vida y nuestro conocimiento fuera un camino muy estrecho donde a un lado hay un barranco muy peligroso, Dios, alma y el mundo sería esa valla que nos recordaría: ¡No pases esta línea que la vas a liar parda! Nos recuerdan los límites de nuestro conocimiento. Así terminaba Kant con la Analítica y Dialéctica Trascendental, donde se ocupaba del Entendimiento y de la Razón respectivamente.

El límite de nuestro conocimiento es, según Kant, los fenómenos (esto es, aquello que se nos presenta y como cada uno ve el mundo, que es siempre distinto). Por eso podría decir Kant que “por desgracia hay cosas que no se pueden explicar hasta que se ven”.

Como en la película Matrix, lo que vemos no es la auténtica realidad, sólo una parte. Esa parte que se nos escapa como a Neo, es lo que se llama noúmeno. Como podéis comprobar, la teoría del conocimiento de Kant se parece mucho a la de Platón.

Con Kant todos nos sentimos como Alicia, “cayendo por la madriguera del conejo”. Sabemos algo, percibimos algo y algo se nos escapa. Y tenemos la certeza de que ese algo que se nos escapa es clave y esencial. Percibimos el mundo gracias a la sensibilidad y las formas a priori; conocemos los fenómenos, pero nunca llegaremos a “las cosas en sí” (noúmenos).

Somos esclavos del mundo que nunca llegaremos a conocerlo de todo, ¿o sí?