El mundo no existe sin memoria

El mundo no existe sin memoria

“Los cinco sentidos son esenciales para conocer el mundo, pero sin la memoria no habría mundo”.

Así comienza Punset un capítulo de la fabulosa Redes sobre la memoria. Pero el primero que la pronunció fue el filósofo David Hume. Si os interesa profundizar en su filosofía, echad un vistazo al funcionamiento de la memoria.

 

El fracaso de la empatía o la moral de los superhéroes

El fracaso de la empatía o la moral de los superhéroes

Decía Hume que la empatía, sentimiento al que él denominó simpatía, era un sentimineto natural y desinteresado en los seres humanos.

Según este fragmento de la película de Los increíbles, Mr. Increíble es un humeano de tomo y lomo; es un ser perfectamente empatico. Ahora bien, ¿si la empatía fuese un sentimiento “natural y desinteresado” haríamos lo mismo por un hombre mal vestido y que apestase o por una mujer trajeada y altanera?

Dicho con otras palabras, ¿harías el bien a alguien que te cae mal o que sabes que ha robado/mentido/etc.?

La mayoría de las veces ayudamos sólo a los débiles y desvalidos, como los superhéroes, e ignoraban a los ricos y poderosos porque pensaban que ellos no necesitan o merecen nuestra empatía, cuando tal vez sí.

El viaje de la memoria o el error de Hume

El viaje de la memoria o el error de Hume

El filósofo David Hume, como muchos de nuestros contemporáneos, rechazaba la existencia del alma por el simple hecho de que no se ve. Hume, que era un empirista consecuente, sólo admitía como verdadero aquello que se pudiera observar por los sentidos. Para Hume no hay existe más verdad .

Entonces, ¿si no hay alma, qué soy? Hume pensaba que somos memoria y sin memoria no somos nada.

Paco Roca, el genial historietista español, ha descrito en Arrugas (novela gráfica llevada al cine y que os recomiendo que leáis encarecidamente) una feroz defensa al pensamiento de Hume: sin memoria, no somos nada; sólo marionetas.

¿Estáis de acuerdo? Yo no.

La constante de David Hume

La constante de David Hume

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David Hume no fue sólo un filósofo empirista, sino uno de los grandes protagonistas de una de las mejores series de televisión de todos los tiempos, Lost (Perdidos).

Ambos personajes, el filósofo escocés y el protagonista también escocés de Perdidos, se caracterizan con una búsqueda incansable de una constante. Pero curiosamente con desigual resultado.

El filósofo que tenemos que estudiar se caracteriza por ser uno de los representantes del escepticismo filosófico. Tras analizar el contenido de la mente humana y encontrar en ella sólo impresiones e ideas, dedujo que todas las ideas que tenemos en la mente tienen que tener su origen en una impresión sensible, en la experiencia.

A esto lo llamó el principio de correspondencia, que es algo tan antiguo como el dicho popular: “Si no lo veo, no lo creo”.

¿Cuál fue, pues, la constante de David Hume? Tanto para uno como para otro, la constante fue la incertidumbre de encontrar algo que resistiese a toda duda, algo que superase el principio de correspondencia. Desgraciadamente, como sabéis, el resultado que obtuvieron el filósofo  escocés y el personaje de Perdidos fue dispar.

El contractualismo o el origen de la conformidad

El contractualismo o el origen de la conformidad

El filósofo griego Aristóteles consideró ya hace mucho tiempo que el ser humano siempre ha vivido entre iguales, en sociedad. Esto lo formuló en la magnífica frase que ha pasado a a la historia: el ser humano es una animal social.

Un vistazo a nuestro alrededor nos muestra la certeza de la convicción aristotélica. Pero no siempre ha sido así: con la corriente filosófica del Empirismo surgió una serie destacada de filósofos que pensaron lo contrario. Para Thomas Hobbes, John Locke y David Hume el ser humano no siempre fue social, sino que en algún momento de la historia de la humanidad el ser humano decidió vivir en sociedad.

Esta reflexión fue posible a partir de la noción de poder considerado como la libre elección de los hombres y no procedente de la voluntad de algún dios caprichoso que jugaba al azar con el destino de los hombres.

Que vivamos en sociedad tiene muchísimas ventajas, pero también algunos inconvenientes. Vivir en sociedad es adaptarse a lo que dicen los demás, a vivir conforme a los demás, pero sin los otross no somos nadie, ¿no?

¿Estáis de acuerdo con Aristóteles o con los empiristas ingleses?

¿No es cierta la idea del profesor John Keating de los peligross de la sociedad?

El yo como sustancia o qué haría sin recuerdos

El yo como sustancia o qué haría sin recuerdos

David Hume simboliza lo que hemos sido todos alguna vez (o deberíamos ser): pensadores radicales que han puesto en duda todo lo que existe (incluso el mundo).

Es verdad que René Descartes fue el primero en desarrollar con  duda metódica esta crítica y el primero en hallar una verdad universal: “pienso, luego existo”, pero abandonó su proyecto.

David Hume sí fue consecuente y quiso llevar su proyecto hasta el final: dudar de todo y asegurarse, mediante su principio de correspondencia (buscar el origen de las ideas en nuestras impresiones), de lo que podemos conocer y saber con certeza.

Creo que todos nos hemos preguntado en alguna ocasión: ¿Qué o quién soy? ¿Si pierdo mi trabajo o alguna extremidad de mi cuerpo dejo de ser yo? ¿Si cambio radicalmente mis gustos, creencias o preferencias, cambio mi yo? Hume nos diría que no. Aunque nos hemos acercado bastante.

Tras su feroz crítica a las sustancias cartesianas (Dios, res cogitans y res extensa), Hume se ocupa de quiénes somos y afirma que eso que llamamos sustancia, alma o esencia no es otra cosa que memoria. Y posiblemente tenga razón: sin memoria, no soy nada. Y mi memoria soy yo, y yo puedo moldear o cambiar mi memoria.

Mi adorado Christopher Nolan (creo que he visto todas sus películas) nos ha dejado una de las mejores películas de todos los tiempos, Memento (título que viene de la expresión latina “memento moris”: recuerda que eres mortal). Nolan nos plantea una inquietante cuestión: ¿podríamos vivir sin recordar nada a corto plazo, sin recordar qué hicimos hace media hora o sin saber si nuestros amigos o conocidos han fallecido?

No somos lo que hemos vivido y hecho, sino cómo lo recordamos.