El viaje filosófico de Descartes en un vídeo

El viaje filosófico de Descartes en un vídeo

La vida de Descartes se puede resumir en una idea: un viaje filosófico hacia la verdad. Era la verdad lo que movía el pensamiento de Descartes.

En su intento de hallar una verdad indudable, escribió sus famosas Meditaciones Metafísicas.

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El método cartesiano o cómo salir de tu falso imperio

El método cartesiano o cómo salir de tu falso imperio

Las personas tenemos un gran defecto: vivimos no por encima de nuestras posibilidades, sino por encima de nuestras pasividades. Y Descartes también creía esto. Para nuestro gran filósofo, el ser humano erige su vida sobre imperios falsos, sobre verdades a medias y mentiras a tiempo completo.

¿Qué hacer? Descartes propuso que hicíeramos una limpia de todo lo anterior. Descartes invitó a sus discípulos poner en duda los conocimientos anteriores para intentar empezar de nuevo, sin medias tintas.

Crear un imperio nuevo, verdadero.

El error de Platón o por qué es necesaria la democracia

El error de Platón o por qué es necesaria la democracia

Es conocido por el gran público la crítica extrema que realizó el filósofo griego Platón contra la democracia; crítica, todo sea dicho, que, aunque no tiene como  punto de partida la muerte de su mentor Sócrates por el demos ateniense, si fue determinante para inclinar la balanza.

Platón defendió en sus años como filósofo una aristocracia -gobiernos de unos pocos y selectos- que sería conducida por los más sabios, a los que él denominó reyes-filósofos. Esto fue el sueño de Platón, que nunca se cumplió.

En los años 60 Leon Festiger formuló lo que se conoce como la teoría de la disonancia cognitiva, la cual afirma que tendemos a producir relaciones consonantes con nuestras creencias y a evitar la disonancia. Pondré un ejemplo que fue objeto de estudio y que clarificara este concepto enormemente.

Está demostrada por múltiples estudios la relación entre la probabilidad de padecer un cáncer de pulmón y el hecho de fumar. La mayoría de los fumadores conocen este dato. La manera más sencilla de reducir esa disonancia (que nos produce malestar  psicológico) sería dejar de fumar. Las personas que no quieren dejar de fumar tienen pues un problema. ¿Qué sucede entonces? Que esas personas tienden a minimizar el riesgo entre fumar y tener un cáncer incluso llegan a afirmar que esa relación no está comprobada. Otro método es justificar su conducta con frases del tipo: de algo hay que morirse. ¿Os suena esa manera de autoconvenceros de algo?

Los estudios posteriores vieron que esta tendencia a evitar la disonancia se ve favorecida por los siguientes aspectos -cuidado, porque algunos contradicen lo que el sentido común diría que es lo más lógico-:

– Compromiso. Cuando te sientes comprometido con algo -pensemos por ejemplo en las ideologías políticas-, tiendes a eliminar cualquier elemento que produzca disonancia. Éste sería uno de los factores que explica que los votantes fieles a un partido político le sigan votando aunque éste no haya cumplido sus expectativas,  usando todo tipo de justificaciones.

– Volición. Para que se experimente disonancia has de tener la sensación de que la decisión que tomas depende totalmente de tu voluntad -en el ejemplo citado, la libertad de elegir a quien votas-. Cuando las cosas dependen de nuestra voluntad la disonancia se manifiesta de manera más fuerte ya que no podemos justificar haber tomado esa decisión por sentirnos obligados. Contra- Ejemplo: eso va en contra de mi manera de pensar pero si no lo hacía mi jefe me despedía. En este caso no tengo que sentirme disonante pues me he sentido obligado a hacerlo.

Recompensa. En contra de lo que pudiera parecer cuanto menor es la recompensa obtenida por una conducta mayor es la necesidad de eliminar la disonancia. En los ejemplos citados sería algo así como decir: hago esto que va en contra de lo que yo pienso y creo porque me pagan muy bien por hacerlo. La recompensa justifica la disonancia, es una especie de: No tengo más remedio. Si no existe recompensa, tendré que “tragarme la disonancia” o eliminarla de otra manera.

Todos estos mecanismos psicológicos nos llevan a ser personas altamente influenciables por el llamado pensamiento único. Si constantemente nos vemos bombardeados por ideas y creencias que parecen sólidas, podemos llegar a tomarlas como ciertas. Ese bombardeo empieza desde nuestra tierna infancia (muchas veces realizado por personas en las que confiamos totalmente) . Una vez que esas creencias se instalan en nosotros nos es muy difícil salirnos de ellas.

Una de las maneras más importante de lograrlo es con: Educación, estudio y reflexión. Algo que ya nos dijo Descartes con su duda absoluta. Y no vale cualquier tipo de educación, sólo sirve aquella que fomente verdaderamente el pensamiento crítico.

Os dejo un vídeo del cómico americano George Carlin que creo que os ayudará a entender el post: el sueño americano.

Este post no toma su fuente de ¿Pensamiento crítico o pensamiento único? de @Mertxe.

Una simple certeza cartesiana contra memoria

Una simple certeza cartesiana contra memoria

El filósofo René Descartes ha pasado a la historia de la filosofía por la intuición de una simple idea, la idea de una certeza absoluta, de la que no cupiera duda alguna. Esa idea fue la expresada con la conocidísima frase:

cogito ergo sum

Para Descartes, ésta es la única y auténtica verdad que resiste a toda duda. Y ya sabemos que una idea, por única y pequeña que sea, puede ser muy corrosiva.

¿Que es, pues, lo real? ¿Cómo podemos estar seguros de que no estamos soñando como en la película  Origen (Inception)?

El cineasta Christopher Nolan, cartesiano convencido sin saberlo, pensó que la única idea resistente a toda duda no era este pensar, sino la memoria, que es cambiante y maleable. ¿Quién no ha modificado nunca los recuerdos de los demás a través de una mentirijilla o ha contado muchas veces una misma historia tergiversándola de tal manera que se la ha creído?

Esto es Memento -expresión latina “memento mori” que significa “recuerda que eres mortal”- y que nos da una lección magistral de que una simple idea es capaz de modificar toda la mente humana.

El yo como sustancia o qué haría sin recuerdos

El yo como sustancia o qué haría sin recuerdos

David Hume simboliza lo que hemos sido todos alguna vez (o deberíamos ser): pensadores radicales que han puesto en duda todo lo que existe (incluso el mundo).

Es verdad que René Descartes fue el primero en desarrollar con  duda metódica esta crítica y el primero en hallar una verdad universal: “pienso, luego existo”, pero abandonó su proyecto.

David Hume sí fue consecuente y quiso llevar su proyecto hasta el final: dudar de todo y asegurarse, mediante su principio de correspondencia (buscar el origen de las ideas en nuestras impresiones), de lo que podemos conocer y saber con certeza.

Creo que todos nos hemos preguntado en alguna ocasión: ¿Qué o quién soy? ¿Si pierdo mi trabajo o alguna extremidad de mi cuerpo dejo de ser yo? ¿Si cambio radicalmente mis gustos, creencias o preferencias, cambio mi yo? Hume nos diría que no. Aunque nos hemos acercado bastante.

Tras su feroz crítica a las sustancias cartesianas (Dios, res cogitans y res extensa), Hume se ocupa de quiénes somos y afirma que eso que llamamos sustancia, alma o esencia no es otra cosa que memoria. Y posiblemente tenga razón: sin memoria, no soy nada. Y mi memoria soy yo, y yo puedo moldear o cambiar mi memoria.

Mi adorado Christopher Nolan (creo que he visto todas sus películas) nos ha dejado una de las mejores películas de todos los tiempos, Memento (título que viene de la expresión latina “memento moris”: recuerda que eres mortal). Nolan nos plantea una inquietante cuestión: ¿podríamos vivir sin recordar nada a corto plazo, sin recordar qué hicimos hace media hora o sin saber si nuestros amigos o conocidos han fallecido?

No somos lo que hemos vivido y hecho, sino cómo lo recordamos.

Nos convertimos en lo que pensamos o el proyecto vital de Descartes

Nos convertimos en lo que pensamos o el proyecto vital de Descartes

René Descartes es el mayor representante del Racionalismo filosófico, corriente de pensamiento que surge en el siglo XVII y que preconizaba el poder de la capacidad de la Razón para iluminar cualquier ámbito de la vida humana.

Descartes, supongo que harto de la inexactitud de la Filosofía en algunos temas, ideó un proyecto intelectual (y lo más importante, biográfico) consistente en despejar y alejar de nuestras vidas cualquier conocimiento poco cierto o dudoso y buscar una certeza a prueba de toda duda.

Esto es lo que condensa la famosísima frase “cogito ergo sum“, esto es, pienso luego existo. Según Descartes cuando pensamos o dudamos de algo, puede que este objeto o persona no exista, que haya dejado de existir, pero cuando pienso o dudo, estoy seguro de que hay algo que duda y piensa, ¿no?

Pero ¿y qué ocurre cuando dejamos de pensar? ¿Dejamos de existir? Esto es lo que todos los alumnos de Filosofía hemos pensado en algún momento. Os dejo el siguiente vídeo que propone una versión alternativa a ése no pensar:

Porque supongo que lo que Descartes tal vez consideraba, y esta es una de las conclusiones que podemos nosotros sacar, es que nos convirtamos en reyes y amos de nuestras vidas. Todo el mundo vive como piensa (o debería), pero mucha, mucha gente vive con ideas y pensamientos de otros. Pues vivamos ahora nuestros pensamientos.