No pienso callarme

No pienso callarme

Para Kant el ser humano es un animal paradójico, pues vive a camino entre dos abismos: la libertad y las leyes de la naturaleza.

Según nuestro filósofo, lo asombroso del hombre es que siendo libre, puede dejar de serlo, y siendo libre, hay cosas que nunca podrá elegir.

Dirá, que aquellas que puede elegir, no permita nunca que nadie le quite esa opción.

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Hazte [inserta aquí tu futuro]

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Sartre fue un obseso de la libertad; es el filósofo por excelencia de la libertad. Para él, lo que es el ser humano no es resultado de nada más que sus elecciones.

Da igual que nazcas en España, Alemania o Irán: lo que has elegido ser, es responsabilidad tuya.

Si Sartre estuviera vivo, no compraría más productos de Campofrío. Seguro.

Lo que Edvard Munch nos enseñó con El grito

Lo que Edvard Munch nos enseñó con El grito

El pintor noruego Eduard Munch ha pintado uno de los cuadros más reproducidos de la historia El Grito.

Él mismo nos dejó en su diario en 1892 unas líneas que explican el motivo que le llevó a pintar el cuadro:

“Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza”.

Desconozco si Jean-Paul Sartre leyó estas líneas de Munch, pero sí estoy seguro es que el fiósofo francés estaría totalemente de acuerdo con lo descrito por el pintor noruego.

Para Sartre, la angustia es el “síntoma” clave para distinguir a los hombres auténticos de los que se pasan la vida entera en un maravilloso picnic.

Como ya hemos visto, la filosofía existencialista afirmaba que el hombre es enteramente libre y, por tanto, responsable de lo que es. No hay excusas. Todo lo que es él, él lo ha elegido. Y eso, claro está, produce la angustia de saber si uno es lo que realmente ha querido siempre ser.

La Babilonia en la que nos convertimos

La Babilonia en la que nos convertimos

Un concepto clave en el pensamiento de Sartre, el cual se ha tomado con el tiempo connotaciones aún más negativas y pesimistas, es el concepto de angustia.  La angustia, afirmaba Sartre, es una consecuencia directa de la conciencia de saberse libres, de lo que hemos hecho y dejado de hacer hasta convertirnos en lo que somos. Y añade nuestro filósofo francés: ojalá estemos orgullosos de lo que nos hemos convertidos.

Pero es inevitable, e incluso positivo, que en algún momento de nuestra rutina, nos alejemos de esa Babilonia que es muchas veces nuestra vida, y pensemos en lo que pudimos haber sido y elegimos no serlo. Algo así como Don Draper en este fragmento de Mad Men

Decían que éramos libres

Decían que éramos libres

El filósofo francés Jean-Paul Sartre afirmó que el ser humano está condenado a ser libre, que no puede elegir no ser libre, pues ya lo es.

Esta famosísima frase choca, sin embargo, con nuestro día, donde vemos a cantidad de personas que ponen en “suspensión” su libertad, que es, en el fondo, su más preciado tesoro: lo que les permite ser hombres.

En contra de la creencia general, no somos libres porque tengamos que obedecer o por seguir modas estúpidas. No. Lo que realmente nos impide ser libres es, tal y como afirmaron los epicúreos, el miedo.

Sartre afirmaba que no tenemos esencia, personalidad, ni nada que nos condicione; para Sartre, todo lo que somos, lo hemos elegido. Sartre no estaba de acuerdo con Bagger Vance (interpretado por Will Smith) y su idea de recuperar o recordar su “juego”, porque no tendríamos nada que recordar.