Cambiar el mundo, por Pérez-Reverte

Cambiar el mundo, por Pérez-Reverte

El polémico escritor Arturo Pérez-Reverte reflexiona la importancia del cambio y los elementos necesarios para el cambio.

Una reflexión muy sartrena: que no nos impida el cambio.

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No pienso callarme

No pienso callarme

Para Kant el ser humano es un animal paradójico, pues vive a camino entre dos abismos: la libertad y las leyes de la naturaleza.

Según nuestro filósofo, lo asombroso del hombre es que siendo libre, puede dejar de serlo, y siendo libre, hay cosas que nunca podrá elegir.

Dirá, que aquellas que puede elegir, no permita nunca que nadie le quite esa opción.

Hazte [inserta aquí tu futuro]

Hazte [inserta aquí tu futuro]

Sartre fue un obseso de la libertad; es el filósofo por excelencia de la libertad. Para él, lo que es el ser humano no es resultado de nada más que sus elecciones.

Da igual que nazcas en España, Alemania o Irán: lo que has elegido ser, es responsabilidad tuya.

Si Sartre estuviera vivo, no compraría más productos de Campofrío. Seguro.

Lo que Edvard Munch nos enseñó con El grito

Lo que Edvard Munch nos enseñó con El grito

El pintor noruego Eduard Munch ha pintado uno de los cuadros más reproducidos de la historia El Grito.

Él mismo nos dejó en su diario en 1892 unas líneas que explican el motivo que le llevó a pintar el cuadro:

“Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza”.

Desconozco si Jean-Paul Sartre leyó estas líneas de Munch, pero sí estoy seguro es que el fiósofo francés estaría totalemente de acuerdo con lo descrito por el pintor noruego.

Para Sartre, la angustia es el “síntoma” clave para distinguir a los hombres auténticos de los que se pasan la vida entera en un maravilloso picnic.

Como ya hemos visto, la filosofía existencialista afirmaba que el hombre es enteramente libre y, por tanto, responsable de lo que es. No hay excusas. Todo lo que es él, él lo ha elegido. Y eso, claro está, produce la angustia de saber si uno es lo que realmente ha querido siempre ser.