Lo importante no es ganar

Lo importante no es ganar

Una de los pensamientos, que más admiro de la Escuela de Frankfurt, es la feroz crítica a la omnipresencia del éxito en nuestra sociedad: lo importante, dicen, es ganar y ser exitoso. Y no es verdad: lo que realmente importa es cómo llegar a la meta. Y no vale cruzarla de cualquier manera.

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Armonía preestablecida o ¿tiene el sufrimiento sentido?

Armonía preestablecida o ¿tiene el sufrimiento sentido?

Resulta raro que los filósofos, habiendo hablado de casi todo en esta vida, hayan reflexionado tan poco sobre el tema universal por antonomasia: el sufrimiento. Uno de ellos que sí lo hizo fue Leibniz.

Este genio de origen germánico pensó que todo tiene una razón (que no es lo mismo que todo esté determinado). Leibniz formuló el famoso principio filosófico conocido como el principio de razón suficiente, el cual afirma que todo tiene un porqué.

Leibniz, que rechazaba las casualidades (aquí me confieso fiel seguidor suyo), pensaba que este mundo, creado por Dios, no es casual y que las cosas que nos ocurren tampoco lo son. Unos son capaces de su causa o razón, otros no. Pues para Leibniz hasta el sufrimiento tiene una razón, un sentido y un final.

El silencio de Parménides o por qué hablamos de lo que no se puede hablar

El silencio de Parménides o por qué hablamos de lo que no se puede hablar

Hace no mucho tiempo, el filósofo vienés Ludwig Wittgenstein afirmó, en uno de los más importantes libros de filosofía, lo siguiente:

De lo que no se puede hablar, hay que callar.

Para Parménides de Elea, al igual que Wittgenstein, tenemos que elegir entre dos opciones: el ser (lo que es) y el no-ser (lo que no es).

Según el filósofo de Elea, el ser conduce a la vía de la verdad y, por ende, de la razón. Este es un camino que todos entendemos y del que no cabe dudar: de las matemáticas, la lógica, la metafísica, etc. Pero, en cambio, el camino del no-ser es el vía de la opinión y su objeto son todos los datos recibidos por los sentidos.

Como alguna vez os habrá pasado, habréis discutido fervientemente sobre el tipo de color de un determinado coche, sobre el buen o mal juego del Real Madrid e incluso si tal o cual actriz es atractiva o no. Pero a que nunca habéis discutido sobre si es verdad el teorema de Pitágoras o el número π (pi).

Tomando estas ideas como bases, Parménides formuló una curiosa (y errónea) teoría del movimiento: para él, el movimiento consistía del paso del no-ser al ser o del ser al no-ser. Como ya sabréis, del no-ser no puede salir nada. Y lo que es, no puede dejar así como así de existir.

Luego hablemos sólo de lo que estemos seguro, que no es mucho.

Cómo conocemos la realidad o por qué Kant inventó el Photoshop

Cómo conocemos la realidad o por qué Kant inventó el Photoshop

Una forma muy fácil de entender Crítica de la razón pura de Inmanuel Kant, donde expone su teoría del conocimiento es entender el proceso que ocurre dentro del hombre al conocer un objeto como si éste fuera una fábrica.

Para Kant el hombre o el sujeto que conoce no es pasivo, la realidad no es objetiva. La construye el hombre. Esta afirmación os puede resultar extraña, como lo fue para muchos de los contemporáneos de Kant o para el joven Neo en Matrix.

Según Kant, todo conocimiento comienza gracias a las intuiciones sensibles, lo que vemos y percibimos (olor, sabores, tactos, gustos, etc.). Pero añadía (y ahí estaba todo su ingenio, su giro copernicano) que si conocíamos era porque en todo hombre había, lo que él denominó, formas a priori de la sensibilidad: el espacio y el tiempo. Si conocemos a nuestro mundo y si somos capaces de recordarlo (y no sólo los hombres, sino también los animales) es porque situamos siempre las cosas en el espacio y en el tiempo.

Esto es lo que Kant llamó la Sensibilidad y la estudió en la Estética Trascendental.

Pero normalmente, cuando pasamos un largo día, a la noche, antes de irnos a la cama a dormir, solemos dedicar un rato a pensar cómo nos fue el día. Cuando pensamos lo que hemos vivido y visto, entra en juego el Entendimiento.

Según Kant, sólo podemos pensar las representaciones (que son el producto final de lo que hace la Sensibilidad) que cada hombre particular tiene de la realidad. Mi representación del partido de ayer es diferentes a la que tiene mi mejor amigo o mi compañero de trabajo. La representación de las cosas es subjetiva.

Pensar sólo podemos pensar las representaciones de la realidad  y las podemos pensar gracias a las categorías (o como también las llama Kant, conceptos puros). Aplicar nuestro pensamiento a lo que Kant llamó ideas reguladoras (que son tres: Dios, el alma y el mundo) es un error que da lugar disciplinas que NO son ciencias, sino puro pasatiempo de imbéciles.

Dios, alma y el mundo son las ideas reguladoras de la razón o, dicho con otras palabras: si nuestra vida y nuestro conocimiento fuera un camino muy estrecho donde a un lado hay un barranco muy peligroso, Dios, alma y el mundo sería esa valla que nos recordaría: ¡No pases esta línea que la vas a liar parda! Nos recuerdan los límites de nuestro conocimiento.

Así terminaba Kant con la Analítica y Dialéctica Trascendental, donde se ocupaba del Entendimiento y de la Razón respectivamente.

El límite de nuestro conocimiento es, según Kant, los fenómenos (esto es, aquello que se nos presenta y como cada uno ve el mundo, que es siempre distinto). Por eso podría decir Kant que “por desgracia hay cosas que no se pueden explicar hasta que se ven”.

Como en la película Matrix, lo que vemos no es la auténtica realidad, sólo una parte. Esa parte que se nos escapa como a Neo, es lo que se llama noúmeno.

La realidad, es como el Photoshop, un invento para engañarnos.

¿Qué es la Ilustración? o cómo el Yes We Kant conquistó la Razón

¿Qué es la Ilustración? o cómo el Yes We Kant conquistó la Razón

La Ilustración (del alemán “Aufklärung) fue, entre otras cosas, un movimiento filosófico que pretendió arrojar un poco de luz, mediante la Razón, sobre el Hombre.

Todo movimiento filosófico tiene un “instrumento” de batalla, un enemigo y un fin a perseguir. El instrumento de batalla para los ilustrados, donde destacaron, entre otros, Jean-Jacques RousseauImmanuel Kant, fue la Razón (con mayúscula) y la absoluta confianza depositada en ella, la que disiparía toda la oscuridad anterior (sobre todos los dogmas y prejuicios que impidieron a la Filosofía avanzar, y no hacemos referencia únicamente a los religiosos). Gracias a la Razón confiaban los ilustrados surgiría un nuevo orden donde el hombre, su naturaleza y su capacidad de conocimiento saliesen reforzados.

El filósofo que mejor encarnó este emblema ilustrado fue Immanuel Kant con su conocidísimo “sapere aude”: “Atrévete a saber” o “atrévete a pensar” (aunque quien acuñó la famosa frase fue el poeta latino Horacio).

Para ayudaros a salir de la minoría de edad y haceros hombre autónomos os dejo a continuación el enlace del Comentario filosófico sobre el texto de Kant ¿Qué es la Ilustración? (Pincha aquí)