La única razón por la que no ir a clase

La única razón por la que no ir a clase

Aunque para Nietzsche, ni esta vale. La vida es azar y hay que aguantarse.

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Si la cosa funciona y el nihilismo de Nietzsche

Si la cosa funciona y el nihilismo de Nietzsche

Nietzsche nunca leyó a Paulo Coelho y, creo, que nunca le hubiera gustado, pues el filósofo alemán no era amigo de asombrosas casualidades; para él todo es azar y, después, nada: sólo muerte. Y quien no se contentara con eso, incurría en un error.

Con ello Nietzsche inaugura el nihilismo: la única esperanza del ser humano es no tenerla.

Aquí os dejo el álter ego de Nietzsche en el cine: Woody Allen.

Rousseau o por qué la vida no es una m****

Rousseau o por qué la vida no es una m****

Este monólogo inicial de la película Annie Hall (una de las obras maestras del cine) de Woody Allen refleja muy bien el pensar del curioso filósofo suizo Jean-Jacques Rousseau.

Rousseau

Rousseau, al igual que todos nosotros en algún momento, pensó que la vida es una m***: crisis, corrupción y desigualdad a espuertas. Y encima demasiado corta e injusta.

A diferencia de Woody Allen y muchos pesimistas, Rousseau sabía que podía hacer algo. Y lo hizo. Realmente todos podemos hacer algo.

La propuesta que realizó Rousseau fue reformar el Estado y lo hizo a través de quien realmente tienen el poder: no son los gobernantes, sino el pueblo. Rousseau pensó que si queremos cambiar la sociedad hay que implicar a la gente, que no sean sólo ciudadanos que obedecen leyes, sino también gobernantes.

El principio de razón suficiente o por qué todo tiene una causa

El principio de razón suficiente o por qué todo tiene una causa

Leibniz fue un gran filósofo racionalista de origen alemán representante que sostuvo, para asombro de su generación y de muchas que vinieron después, que todo lo que nos ocurre tiene una razón y que incluso los males de este mundo ocurren para un bien ulterior.

A esto Leibniz lo llamó armonía preestablecida, pero no debe ser intepretado, como muchos han hecho, como la afirmación por parte de Leibniz de la existencia de un destino.

Para ello es necesario comprender cómo entendió Leibniz el mundo y sus habitantes: todo, todo se compone de mónadas, que dicho en términos más asequibles, son partículas elementales e indivisibles que componen el mundo, son cerradas (como una casa sin ventanas) y que vagan por el mundo chocándose unas con otras, sin saber a dónde van, pero aparentemente con una idea de su meta.

Bueno, esto es lo mismo que decir que  las mónadas somos NOSOTROS.

Woody Allen, que si no estudió Filosofía en la Facultad, seguro que lo hizo en su casa, recoge esta propuesta filosófica y nos plantea en la película Match Point el eterno dilema: ¿controlamos nuestras vidas o somos simplemente marionetas de las casualidades?

Leibniz afirmaba que somos libres, pero la persona libre sabe lo que motiva su acción, su vida:  el ignorante es quien desconoce el porqué de su vida, pues desconoce las causas de su acción; y actúa y elige sin saber las razones. Leibniz sostenía que el hombre debe indagar lo que denominó el principio de razón suficiente.

Yo creo que la mejor representación de Spinoza la hace Merovingio en mi amada Matrix.

Porque todo lo que nos ocurre, dice Lebiniz, incluso las desgracias, tienen una razón de ser; la cosa es averiguar su causa.

¿Qué pensáis vosotros si es que pensáis?

Por qué estudiando filosofía dejé de ver Telecinco

Por qué estudiando filosofía dejé de ver Telecinco

El estudio de la filosofía es una actividades más genuinas e intrínsecas del hombre. Cuando el hombre estudia filosofía, se estudia a sí mismo y pone en peso su vida: se obliga a sí mismo a decidir qué hacer con eso que se le presenta, su historia.

Pero la filosofía, como el término griego pharmakon – que significaba a la vez “veneno” y “remedio”-, debería de tener dos acepciones y un punto medio.

Una de las nocivas consecuencias de la filosofía la vemos cada día en los programas de Telencinco. Otras, más divertidas y menos nocivas son éstas que nos deja el gran Woody Allen, la típica conversación cotidiana entre dos filósofos. Si alguien entiende algo que por favor me lo explique.

Si os va mal en la filosofía, siempre nos quedará la posibilidad de formar un grupo:

La belleza o por qué no entiendo este cuadro

La belleza o por qué no entiendo este cuadro

El famoso escritor y crítico de arte John Ruskin exclamó airado ante un cuadro de James McNeill Whistler: ” Ya he visto y oído antes una considerable insolencia cockney; pero nunca pensé que escucharía a un gallito petulante pedir doscientas guineas por echarle a la gente un tarro de pintura en plena cara”. Dura, muy dura crítica la de Ruskin.

El cuadro en cuestión se llamaba, como espetó Ruskin, Nocturno en negro y oro.

Seguramente todos conocéis esta sensación, ese sentimiento de incomodidad y rabia, y habréis expresado furibundos la eterna pregunta: “pero, ¿esto es arte?“.

Fueron Platón y Aristóteles, siempre ellos como habréis podido comprobar, los primeros que se preguntaron por la belleza, por el arte. Para Platón, dentro de su teoría del conocimiento (conocida como reminiscencia), la belleza o el arte era reflejo de las ideas; para Aristóteles, por el contrario, aunque consideraba también el arte como imitación de la naturaleza, pensaba que éste completaba y perfeccionaba la naturaleza que siempre se nos presenta imperfecta.

Estas dos teorías son bastante accesibles y comprensibles para el gran público; observamos un retrato o una escultura clásica, nos asombramos de la capacidad del artista para imitar (y mejorar la realidad). Pero qué ocurre, por ejemplo, con obras de arte moderno como la de Marcel Duchamp titulada La Fuente (que realmente es un urinario) o Piss Christ (que no es sino una fotografía de un crucifijo de plástico sumergido en un tarro de pis) del fotógrafo Andres Serrano.

Woody Allen nos deja una interesante y profunda reflexión sobre el arte como elemento que redime lo humano,  y lo más humano  es el amor, ese sentimiento tan importante.

La escena sucede casi al final de Annie Hall, donde el protagonista Alvy, interpretado por el mismo Allen, decepcionado por su ruptura amorosa con Annie, escribe una pieza teatral donde el final, claro está, es perfecto.

El sentido de la vida o cuando Woody Allen se hizo cristiano

El sentido de la vida o cuando Woody Allen se hizo cristiano

Nietzsche, en su feroz crítica a la filosofía occidental, descartó como falsos a los que él denominó “dispensandores de sentido“, esto es, Dios, la Razón, el Progreso, el Bien… Son, para Nietzsche, inventos del lenguaje, mera metáforas que el ser humano ha convertido en verdades absolutas.

El filósofo de Röcken acabó con ellas con la famosísima “muerte de Dios”.

¿Qué nos queda? Perspectivismo y jovialidad: todas las interpretaciones, posiciones, valores, son igualmente válidos y con eso (y sólo con eso) nos debemos de conformar para vivir y disfrutar la vida.

Otros, como Mickey, el protagonista de la desternillante Hannah y sus hermanas, interpretado por Woody Allen, buscan el  sentido de la vida ante la visión incrédula de sus padres judíos en el cristianismo criticado por Nietzsche.