La paradoja de Aquiles o la imposibilidad del movimiento

La paradoja de Aquiles o la imposibilidad del movimiento

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La paradoja de Zenón o por qué no puedo bailar con la más guapa del baile

La paradoja de Zenón o por qué no puedo bailar con la más guapa del baile

El siempre genial filósofo Parménides de Elea tuvo un discípulo no menos genial: Zenón de Elea. Zenón ha pasado a la historia del pensamiento occidental por formular la conocidísima paradoja de Aquiles y la tortuga.

Esta paradoja, hoy por hoy resuelta, implica que nunca podremos bailar con la más guapa/o del baile.

¿Dónde está la solución de la paradoja?

El silencio de Parménides o por qué hablamos de lo que no se puede hablar

El silencio de Parménides o por qué hablamos de lo que no se puede hablar

Hace no mucho tiempo, el filósofo vienés Ludwig Wittgenstein afirmó, en uno de los más importantes libros de filosofía, lo siguiente:

De lo que no se puede hablar, hay que callar.

Para Parménides de Elea, al igual que Wittgenstein, tenemos que elegir entre dos opciones: el ser (lo que es) y el no-ser (lo que no es).

Según el filósofo de Elea, el ser conduce a la vía de la verdad y, por ende, de la razón. Este es un camino que todos entendemos y del que no cabe dudar: de las matemáticas, la lógica, la metafísica, etc. Pero, en cambio, el camino del no-ser es el vía de la opinión y su objeto son todos los datos recibidos por los sentidos.

Como alguna vez os habrá pasado, habréis discutido fervientemente sobre el tipo de color de un determinado coche, sobre el buen o mal juego del Real Madrid e incluso si tal o cual actriz es atractiva o no. Pero a que nunca habéis discutido sobre si es verdad el teorema de Pitágoras o el número π (pi).

Tomando estas ideas como bases, Parménides formuló una curiosa (y errónea) teoría del movimiento: para él, el movimiento consistía del paso del no-ser al ser o del ser al no-ser. Como ya sabréis, del no-ser no puede salir nada. Y lo que es, no puede dejar así como así de existir.

Luego hablemos sólo de lo que estemos seguro, que no es mucho.

Aquiles y la tortuga o por qué no es bueno dar ventaja a tus enemigos

Aquiles y la tortuga o por qué no es bueno dar ventaja a tus enemigos

Una de las más importantes paradojas filosóficas de la historia de la humanidad fue formulada por Zenón de Elea, discípulo directo de Parménides, también de la ciudad de Elea.

Al igual que Parménides, Zenón rechazó el movimiento y lo hizo a partir de unas paradojas que durante siglos se creyeron inexpugnables -que sólo gracias a las matemáticas modernas, el cálculo infinitesimal y la noción del límite se pudieron resolver- y que complementaban la tesis parmenídea de que lo existente debía estar inmóvil y que el movimiento era pura ilusión.

La finalidad de Zenón era mostrar que el mundo aparente, el de los sentidos, es un mundo contradictorio, sobre el que es imposible establecer ningún conocimiento. La filosofía de Parménides había dejado establecido que lo existente se encuentra inmóvil, a pesar de que en el mundo, que se capta a través de los sentidos, todo cambia continuamente como afirmaba Heráclito.

Aquiles da a la tortuga una ventaja inicial de cien pasos:

Cuando Aquiles recorre esos cien pasos, la tortuga da cien pasos y aún está por delante de Aquiles.

Cuando Aquiles recorre los diez pasos, la tortuga da un paso y se mantiene delante,

y así sucesivamente.

Aquiles entonces nunca alcanzará a la tortuga. ¿Brillante, no?

¿Quién si no? Parménides, naturalmente

¿Quién si no? Parménides, naturalmente

Hoy hemos visto cómo hay filósofos que marcan la diferencia… En este caso es Parménides de Elea. Él marca un antes y un después con la aparición de su famoso poema (que debéis leer).

Hasta ahora hemos visto que los filósofos de la naturaleza eran todos monistas, es decir, explicaban el origen del universo (del cosmos) a partir de un único principio que siempre existe y existirá.

Pero todo cambia con las dos tesis de Parménides:

  • Del no ser no puede surgir nada, o dicho con otras palabras, que el cambio es imposible.
  • De la unidad no puede surgir la pluralidad o ¿cómo una tiza puede dar lugar a todo el universo?

Los siguientes filósofos de la naturaleza se denominaron pluralistas para intentar solucionar este problema: Si tenemos muchas tizas, es más fácil explicar cómo hay tantas y tantas cosas en el universo, ¿no?

Lo que más nos puede interesar de Parménides son las conclusiones que el mismo Platón obtuvo: si tenemos a un amigo, al cual hace mucho que no vemos y observamos que ha cambiado su forma de pensar y de vestir (fuera gafas, barba, ha engordado…), tenemos un montón de datos sensibles procedentes de los sentidos que nos dicen que no es el mismo. Pero la razón nos dice que sí. ¿No os parece?

Parménides dirá que hay pues dos formas de conocimiento o dos formas de saber si es realmente él: la opinión o doxa, que juzga las apariencias (y las apariencias engañan). Las apariencias nos dirán que no es él y esto nos dejará con el mal sabor de boca de que no podremos invitarle a una cerveza para celebrar nuestro encuentro. Y la otra opción o vía es la razón que se ocupa del ser (aquí entiéndase alma, esencia…). Ésta nos confirma lo que efectivamente intuíamos: ¡es él!

Si pensáis un poquito, en el fondo TODOS compartimos la tesis de Parménides: las apariencias no nos dicen mucho sobre las personas o cosas, hay que ir más allá. Ese más allá es el SER que, según Parménides, es inmutable, limitado, esférico..

A continuación os dejo un divertido vídeo que muestra, creo y bastante bien, vuestra perplejidad y enfado.